miércoles, 22 de abril de 2015

Microrrelato nº1 (Fría)

Sabía que sucumbiría bajo el hielo de su corazón. Aun así, me puse a la cola del fusilamiento con sentimientos vacíos.

lunes, 23 de febrero de 2015

Crónicas del Dragón #3 - Avelino Corma, premio Príncipe de Asturias, visita la UCLM



El premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2014 visitó mi universidad (UCLM) el pasado miércoles para dar una conferencia promovida por la Facultad de Ciencias Ambientales y Bioquímica (¡mi facultad!), el Instituto de Nanociencia, Nanotecnología y Materiales Moleculares (INAMOL) y el catedrático de Química Física Abderrazak Douhal (mi profesor de Termodinámica).

El título de la conferencia era “Diseño de catalizadores sólidos para reacciones químicas sostenibles”, un tema seguramente muy interesante para el grupo de estudiantes de doctorado que asistieron a la conferencia. Para nosotros, los alumnos de primero de Bioquímica que asistimos, resultó bastante difícil de seguir, por los complejos tecnicismos usados, pero la idea principal nos quedó bastante clara: las investigaciones se centran en la búsqueda y creación de catalizadores químicos que reduzcan el tiempo de reacción y los pasos seguidos en ella.

No quiero explayarme mucho con la explicación, tan sólo quiero decir que me pareció interesante la conferencia y que me habría gustado tener más conocimiento sobre el tema para poder seguirla mejor. Tengo que dar las gracias a Avelino Corma por prestarse a venir a nuestra universidad a dar la conferencia y por alentarnos a los jóvenes investigadores (o futuros investigadores) a aprender idiomas, a salir del país para adquirir más conocimientos y, sobre todo, a nunca dejar de luchar por la ciencia y el progreso.




domingo, 8 de febrero de 2015

Reseña - Las ventajas de ser un marginado



Autor: Stephen Chbosky
Editorial: Alfaguara
Páginas: 261
ISBN: 978-84-204-0354-0
Encuadernación: Rústica con solapas
Sinopsis: Las cartas que escribe Charlie son íntimas y únicas, desternillantes y devastadoras. Puede que no sepamos dónde vive, ni a quién escribe pero, poco a poco, iremos conociendo su mundo a través de ellas: la vida en el instituto, las primeras citas, las cintas de varios, los dramas familiares y los nuevos amigos. Un mundo en el que solo es necesario dar con la canción perfecta mientras conduces para sentirte infinito.


Mi opinión: Si os soy sincera, no había leído ninguna reseña ni sinopsis acerca de este libro antes de comenzar su lectura, ya que no quería empezarlo con prejuicios, ideas preconcebidas o expectativas demasiado exigentes.

Y para qué negarlo, el libro no es PARA NADA lo que yo me imaginaba que sería, es mucho mejor. No esperaba que se hallara escrito en forma de cartas, algo que a mi parecer le da un carácter mucho más personal a los textos y ayuda muchísimo al lector a meterse en la piel del protagonista, ya que este cuenta todas sus experiencias en primera persona.

Charlie es un chico un tanto peculiar que se dedica a enviarle cartas a alguien desconocido, cuyo nombre se resiste a aparecer en el libro, y en ellas le cuenta todo acerca de su vida, sus dos mejores amigos (Patrick y Sam), su familia y todas las experiencias que viven juntos. Podremos observar una gran evolución del protagonista a lo largo de toda la novela, que pasa de ser un mero observador a intentar “inmiscuirse” en su propia vida, dejando de ser el espectador de la obra para formar parte de ella.

Algo que me ha sorprendido bastante es que todas las historias contadas en la novela, los personajes, sus relaciones, podrían ser perfectamente reales, porque las situaciones descritas ocurren en el día a día de muchos adolescentes en todo el mundo. El estilo del autor tiene un matiz nostálgico que me ha enamorado, y hay numerosos pasajes en los que el personaje se pregunta por aspectos de la vida en los que todos nosotros también participamos; por tanto, nos hace pensar, reflexionar y replantearnos nuestra visión acerca de situaciones que, como a nosotros no nos han ocurrido, nunca pensamos en ellas ni en las consecuencias que tienen sobre las personas.

La novela tiene un ritmo muy ágil, resulta muy fácil de leer porque el vocabulario es el propio de un chaval de dieciséis años, que es el que escribe las cartas, y apenas llega a las 300 páginas, por lo que se tarda poco en leer. En mi opinión, es una lectura recomendable tanto para adolescentes como para adultos, ya que ambos colectivos conseguirán extraer multitud de conclusiones y reflexiones de entre las páginas.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Sin reflejo

Sabía que te encontraría aquí. Agazapada en una esquina, como gato asustado, tiritando… ¿Es frío o es miedo? Alzas tu hermoso rostro, pálido como la luna y escondido tras irregulares nubarrones de pecas. Un brillo salvaje en la mirada: ¿Es locura o es temor?
¿Tienes miedo de mí, ojos de gato? Una botella de whisky barato rueda hasta quedar a mis pies. Has bebido demasiado y no te acuerdas de mí. Ni siquiera te acuerdas de ti misma.

Eras escurridiza como una anguila, pero yo te seguía, y mi corazón brincaba de alegría cada vez que me dedicabas unos segundos de tu hermoso tiempo. Esas interminables noches en las calles de París, donde tú, bailarina de los sueños, encandilabas a cualquier hombre; un atisbo de sonrisa, un leve pestañeo y todos caían rendidos a tus pies. Pero tú hacías como que no te dabas cuenta y seguías hablando conmigo, haciéndome sentir dichoso por tenerte cerca de mí.
Niña curiosa, tu cantarina risa alejaba el dolor de mi cuerpo y mitigaba la melancolía de mi alma. Tu luz deslumbraba todo a tu alrededor, aunque tú nunca quisiste verla. Tenías miedo de tu rostro, de verte reflejada en la superficie de la cucharilla del café. Sentías pánico de los espejos, de ver a tu copia perfecta al otro lado del cristal. ¿Es que acaso esperabas encontrar otra cosa aparte de la doble perfección? Dime… ¿qué pasa por tu mente ahora?

Un rápido movimiento me hace desviar la mirada hacia tus manos, que sujetan algo oscuro y metálico: una pistola. Tu mirada se vacía de repente y alzas el arma con ambas manos, apuntándome, aunque mirando más allá de mi persona, atravesando la oscuridad que se cierne sobre nosotros. Dime… ¿qué piensas?

No considero la posibilidad de apartarme o huir, el mejor fin para mi existencia es aquel en el que te veo a ti. Ah, mírame, contagiado de tu locura, paralizado ante el ineludible destino. ¿Por qué no me miras? Tus dedos acarician el gatillo y tu mirada sigue fija, impidiéndome disfrutar de la perdición en el color de tus ojos. En ese caso, cerraré yo los míos, dispuesto a aceptar lo inevitable.

El sonido de un disparo retumba en mis oídos, al mismo tiempo que se escucha un ruido de cristales rotos. Abro los ojos asombrado y me giro para ver, con sorpresa, el antiguo espejo hecho añicos. Un pequeño fragmento reluciente sobrevive agarrado al marco. Reflejado en él, puedo atisbar la blancura de tu rostro sonriente, transformado por la locura y la embriaguez. Y ese destello en tus ojos, la indómita mirada ha regresado.


Ah, nunca podrás soportar la existencia de otra como tú.

miércoles, 23 de julio de 2014

Relato - La Casa de la Música

Este es para Ylenia, del blog Está lloviendo en Market Chipping. Es una pequeña iniciativa mía en Twitter, para obligarme a mí misma a seguir imaginando historias, porque me viene bien y sé que lo necesito.



Iria soñaba con una dulce melodía cuando los primeros rayos de sol atravesaron sus párpados, interrumpiendo el ligero sueño en el que se había visto envuelta tras el cansancio de la noche anterior. Desorientada, se incorporó y esperó a que sus ojos se acostumbraran a la claridad. Había algo que no cuadraba, esa habitación no era la suya. “¿Acaso sigo soñando?” se preguntó. Las paredes se hallaban cubiertas por un papel de tonos morado y rosa pastel y el edredón iba a juego, decorado con un estampado de ositos y otros animales. Era, a todas luces, la habitación de una niña pequeña.

La muchacha salió de la cama y comprobó, para su sorpresa, que no llevaba puesto su viejo y anodino pijama gris, sino que este había sido sustituido por un fino camisón color medianoche con estrellas plateadas bordadas, imitando el firmamento nocturno.

“Si esto es un sueño, no parece nada malo”.

Una cantarina risa llegó hasta sus oídos, seguida por un pequeño resplandor que se materializó en la habitación, aumentando de intensidad hasta revelar la silueta de una niña, tan sólo definida por un contorno de brillantes partículas que tintineaban al chocar unas con otras. Parecía el sonido de mil campanitas de cristal.
“¿Quién eres tú?”, la voz, cálida e inocente, fue proyectada directamente hacia la mente de Iria que, al ver que aquella especie de espíritu no portaba malas intenciones, respondió con amabilidad. La sonrisa de la niña se ensanchó, provocando un hermoso sonido. “Yo me llamo Annie, bienvenida a la Casa de la Música”.
-¿Qué es exactamente este lugar? –preguntó Iria.

“Tan sólo sígueme”.

La silueta de Annie se difuminó, convirtiéndose en una masa indefinida de polvo brillante que comenzó a desplazarse hacia el exterior de la habitación. Multitud de preguntas bullían en la cabeza de Iria, pero decidió guardarlas para más adelante y seguir a aquella niña fantasma que brillaba con la luz de las estrellas.

Salieron a un pasillo de paredes color melocotón. El suelo era de madera oscura e Iria iba descalza, pero la melodía de Annie rompía el silencio del lugar. Descendieron por unas escaleras de caracol que desembocaban en una pequeña salita con una chimenea cuyo fuego era la única luz presente. El único mobiliario de la estancia eran dos sillones rojos sobre los que descansaban, desordenados, montones de partituras. En la penumbra de una esquina, un hombre anciano tocaba el violín pero, misteriosamente, ninguna nota llegaba a sus oídos. El hombre tenía los ojos cerrados y parecía escuchar lo que tocaba, pues su cuerpo se balanceaba al ritmo de la música que para Iria resultaba imposible de oír. La silueta de Annie, que había vuelto a materializarse, se detuvo a pocos pasos del hombre e indicó con un gesto a Iria que se acercara y guardara silencio. “Cierra los ojos y alza las manos”, susurró en su mente e Iria la obedeció. Gradualmente, y como si de una caricia se tratara, pequeñas figuras comenzaron a danzar entre sus manos, haciéndole cosquillas. De alguna manera, al entrar en contacto con ellas, Iria pudo “escuchar” la melodía del violín, aunque en realidad no oía nada, tan sólo lo sentía en su piel.
“Escuchar tan sólo es un comienzo. Este es el tacto de la música”, afirmó Annie.

Cuando la melodía terminó e Iria abrió los ojos, descubrió que los tenía llenos de lágrimas. Tal era el sentimiento que aquel tacto había despertado en ella. El hombrecillo, ajeno a la presencia de público, comenzó a tocar una nueva canción, pero Annie no tenía intención de quedarse más tiempo allí. Su resplandor guió a Iria hacia otra habitación de paredes moradas, vacía a excepción de un enorme arpa dorado colocado en el centro. Una melodía delicada y parsimoniosa era emitida por el instrumento, cuyas cuerdas se pulsaban solas. Después de lo experimentado en la habitación del violinista, Iria no se sorprendió demasiado. Annie sobrevoló la estancia provocando un sonido de campanillas que armonizaba perfectamente con la canción del arpa. “Ahora, inspira profundamente”. E Iria dejó que el aire entrara en sus pulmones. Al instante, un olor a tierra mojada invadió sus fosas nasales, mezclado con el aroma del chocolate caliente recién hecho.

-El olor de la música… -susurró Iria.

Pero su placer no duró mucho. De repente, un estruendo de cristales rotos interrumpió toda la magia. Las partículas que formaban el cuerpo de Annie cayeron al suelo, desparramándose en todas direcciones. El suelo comenzó a temblar y enormes grietas se abrieron en las paredes. Iria, paralizada por el pánico, sintió que algo tiraba muy fuertemente de ella. Todo se volvió negro.

Se despertó en su habitación con el estridente sonido del despertador. “Un hermoso sueño, lástima que se acabara tan pronto”.


No fue pequeña su sorpresa cuando, al mirarse en el espejo, descubrió que llevaba puesto un hermoso camisón de tela fina color medianoche, con estrellas plateadas bordadas, imitando el firmamento nocturno.